Trazos que aguantan el paso del tiempo
El entintado con rotuladores de archivo fija tallos, nervaduras y sombras sin que la línea se abra con los años. Al observar la lámina de cerca se distinguen las variaciones del pulso, no un trazo uniforme de imprenta.
Color que no se apaga en la pared
Las tintas pigmentadas sobre papel de algodón de 300 gramos mantienen los verdes oliva y los blancos cálidos aunque la pieza reciba luz indirecta durante años. Antes de imprimir la serie se ajusta el registro y se guarda una prueba de color.
Encuadernación que se abre del todo
La costura a mano con hilo encerado y el lomo visto permiten abrir el cuaderno hasta el centro sin forzar el papel. Se puede escribir con pluma o dar una aguada ligera sin que la hoja ceda.
Serigrafía por capas, sin prisa
Cada color de las tarjetas se estampa en una pasada distinta y se deja secar al aire antes de la siguiente. Eso da un relieve discreto al motivo central y evita el aspecto plano de la impresión industrial.
Sets revisados uno a uno
Los conjuntos de papelería se montan a mano y se comprueba pieza por pieza que los bordes, los sobres y la etiqueta numerada estén en su sitio. Si algo no encaja, no sale del taller.
Cada lote queda registrado
Anotamos la fecha y el número de pruebas de cada tirada. Así, si más adelante quieres ampliar una serie o repetir un tono, sabemos exactamente de dónde partimos.